El DEMONISMO EN EL FOLKLORE MAGICO DE CAJAMARCA



Segun Luis Iberico Mass (El Folklore Mágico de Cajamarca)

La figura universal del diablo ocupa lugar primerísimo en el folclor mágico de Cajamarca, a tal punto que estamos en condiciones de afirmar que su influencia desplaza a la de Dios, puesto que su poder de acción y de intervención en la vida, el destino y los acontecimientos humanos e incluso cósmicos es omnímodo y soberano. Se recurre al poder divino de Dios o de su corte celestial como posible medio, no siempre seguro, de evitar el
desencadenamiento de las fuerzas malignas.
Las fuerzas sobrenaturales se polarizan, en principio, en buenos y malos.

Los primeros son jefaturados por Dios, y los segundos, por el diablo. Los hombres quedan reducidos a meras piezas en la lucha mágica que sostienen ambas fuerzas para hacer primar su poder.

En el fondo, los seres humanos son el objeto de esa lucha constante y permanente, y los demás seres de la naturaleza, instrumentos de esa lucha por la posesión humana. Cabe remarcar que en el uso de este instrumental es mayor la pericia del maligno, pues es más variado y múltiple el uso que de ellos hace en su afán de ganar para su reino al ser humano, considerado indiscutiblemente como de origen divino, pero luego tentado por el demonio
para su perdición.

Dios hizo todas las cosas buenas, y entre ellas hizo al hombre para que lo adorase y respetase, pero dejó a su elección acatar o no ese deber originario, convirtiéndolo en protagonista de un mundo también gobernado por las fuerzas
demoníacas.

Y en este escenario mundano, la especie humana, libre para actuar y elegir, se encontró de pronto tentada por el maligno, que le ofrecía bienes y placeres que proporcionan poder, fama y alegría, pero que al mismo tiempo
corrompen y pierden el alma, negándole su salvación eterna.

Precisamente por lo cautivante, por lo fascinante de la vida ofrecida en este mundo por el diablo, es que la humanidad olvidó muy pronto a su Hacedor y adoró al enemigo; se entregó a la lujuria, a los excesos de la carne y de la concupiscencia y abrazó toda forma de acción bastarda y pecaminosa.

Perdido en el torbellino, en el vórtice de la vida mundana, olvidó su obligación de consagrarse a Dios, de cumplir sus preceptos, de utilizar este tránsito terrenal como simple medio de perfeccionar su alma para la vida perdurable junto a Dios. Ese desvarío alienante forzó al autor del hombre a castigarlo, y mandó el
diluvio para eliminar a los que contra Él pecaron, salvando sólo a los que en medio del total incendio concupiscente guardaron la virtud como llama votiva ofrendada a Dios.
Mas si el diluvio fue el triunfo punitivo del bien, esta victoria sólo fue transitoria y en el fondo inútil, porque muy pronto el diablo, por medio de sus malas artes y su extraordinario poder, volvió a tentar a los descendientes del
elegido.

Nuevamente el mundo se convirtió en el escenario de las luchas entre el bien y el mal, lucha en que el hombre actúa movido por fuerzas sobrenaturales, con un destino preescrito de antemano y frente al cual de nada le valdrán sus acciones personales, puesto que ya todo está escrito.

El demonismo en la subcultura folk de Cajamarca está fuertemente influido por la concepción demonológica del cristianismo, recibiendo el demonio denominaciones como shapi, enemigo, maldito, etc.

Su aparición ante las personas puede ser bajo la forma de un hombre adulto, blanco, más alto que bajo, bien dispuesto y barbón, vestido
generalmente como hacendado. Es la clásica figura de los compactos.

También se presenta como una criatura que a medida que permanece en contacto con el hombre va adquiriendo el rabo, los cachos y los colmillos de la clásica concepción cristiana.
Igualmente, puede objetivarse como una criatura de 6 a 8 años de edad, muy blanco o sonrosado, más gordo que flaco, de cabellos rubios y algunas veces pecoso, que vive en los molinos de agua, en los hornos de hacer pan, en los puquios y en los árboles de savia lechosa, como la higuera, el lúcumo o el
molle.

El duende nuestro es más o menos el gnomo de los cabalistas judíos, con la diferencia de que no es un geniecillo deforme sino, al contrario, una criatura bien formada y traviesa que asusta pero que no tienta con el poder y la
riqueza, como lo hace en sus otras formas de materialización. Pero hay que precisar que el duende de los puquios puede seducir a las
mujeres para convivir con ellas, robándoles la voluntad, y en algunos casos hasta puede conducirlas a vivir en su ergástula. Además, en general, el duende puede robar el ánima a las criaturas, que si no son curadas a tiempo morirán posesos.

Los hijos que el duende pudiera procrear nacerán siempre monstruosos, con rabo o patas de animal. Además, tan luego nacen se escapan, pudiendo regresar por las noches a mamar del seno materno, hasta provocar la muerte de la madre.

Por eso podemos afirmar que si bien el duende del folclor cajamarquino tiene similitud con el duende de la mitología grecorromana, no son, como estos,simples genios traviesos de la naturaleza, sino que en algunas de sus variantes pueden perder al hombre.

El diablo también puede presentarse en forma de súcubo, recibiendo en este caso el nombre de la duende. Es esta una mujer muy blanca, de largos y rubios cabellos, que en medio de la bruma aparece a orillas de los ríos, de los
puquios o de las pachas, con la sola intención de tentar a los hombres que, seducidos por su extraña belleza, llegan a convivir con ella, proporcionándoles poder y riqueza en este mundo, aunque luego se adueñará de sus almas para transportarlas al averno.

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